¡Acabemos
con la tortura!
Xabier Makazaga miembro de Torturaren Aurkako Taldea
Ahora que el juez Baltasar Garzón ha ordenado
por fin a la Guardia Civil que aplique a los últimos detenidos
el protocolo que se comprometió a aplicar en diciembre del
2006 a todas las personas incomunicadas bajo su responsabilidad,
es importante hacer un repaso de lo sucedido desde entonces al respecto.
En un principio, dicho protocolo fue tan ineficaz y propagandístico
como el adoptado por la Ertzaintza en febrero del 2003, como lo
prueba el caso del primer detenido de ETA que Garzón instruyó
tras su promesa: a Iker Agirre lo machacaron, y el magistrado permaneció
tan impasible como siempre ante su denuncia.
Posteriormente, a partir de julio del 2007, sí que se ha
hecho sentir su efecto, pues aunque su aplicación no ha evitado
en absoluto los golpes y las graves amenazas, es obvio que los detenidos
a quienes se aplica reciben un mejor trato.
Eso sí, hasta ahora sólo dos jueces de la Audiencia
Nacional, Garzón y Pedraz, han ordenado aplicar el protocolo,
mientras que el resto se ha negado a hacerlo, tanto en el caso de
la Policía como en el de la Guardia Civil, y sobre todo este
último cuerpo ha protagonizado numerosos casos de brutales
torturas, siendo especialmente terribles los de Gorka Lupiañez,
Igor Portu y Mattin Sarasola.
La dura realidad es, por tanto, que en la mayoría de las
ocasiones ni tan siquiera aplican ese mísero protocolo, y
además la principal medida anunciada por Garzón en
diciembre del 2006, la de filmar a las personas detenidas durante
todo el tiempo en que permanecieran incomunicadas, ha caído
en saco roto.
En efecto, las autoridades españolas se escudan, tal y como
recoge el último informe del Relator para la Tortura de la
ONU, Manfred Nowak, en la increíble excusa de que las Fuerzas
de Seguridad, que han atiborrado desde hace muchísimos años
todos los espacios públicos con cámaras de vigilancia,
no disponen de capacidad técnica para colocar unas pocas
en las comisarías y cuarteles donde se incomunica y tortura
a tanta gente.
Ésa es la última de una larga serie de impresentables
excusas, como la respuesta que dieron hace más de trece años
al Comité para la Prevención de la Tortura del Consejo
de Europa, CPT, de que las grabaciones audiovisuales eran una muy
buena idea pero que «a corto plazo» no podían
efectuarlas debido a problemas presupuestarios, o la dada en la
sesión de noviembre del 2002 del Comité contra la
Tortura de la ONU, CAT, de que dicha medida se estaba retrasando
«porque la querían aplicar realmente bien».
Para su desgracia, las autoridades de la CAV, que también
retrasaron cuanto pudieron la adopción de esa medida, no
tuvieron otro remedio que anunciar en septiembre del 2005 que iban
a adoptarla, y como también los Mossos en Catalunya llevan
varios años grabando, se han quedado en la más absoluta
de las evidencias.
Por otra parte, desde que la Ertzaintza graba a los detenidos incomunicados
no ha habido una sola denuncia contra ellos por torturas en dependencias
policiales, y ese dato objetivo se ha venido a añadir a los
ya incontables e irrefutables que se acumulan año tras año
a favor de dicha medida.
Por eso, no van a poder mantener por mucho tiempo esas increíbles
excusas de cara a los prestigiosos organismos internacionales que
luchan contra la tortura, y si se sigue incrementando la presión
al respecto no van a tener otro remedio que recorrer una senda similar
a la recorrida por las autoridades de la CAV que, recordémoslo,
tras empezar por aplicar en febrero del 2003 un protocolo que era
puro paripé y en absoluto evitó que la Ertzaintza
siguiera torturando, un par de años después se vieron
obligadas a grabar a los detenidos incomunicados.
En el caso de las autoridades españolas, seguro que nos ha
de costar mucho más, pero también es innegable que
se dan las condiciones objetivas para obligarles a ello, y aunque
intentarán ganar todo el tiempo que puedan, y después
harán todo tipo de trampas para evitar un control efectivo
de las grabaciones, acabaremos por conseguirlo.
¡Seguro!
|