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Aquellos vetustos jelkides
Patxi Igandekoa

Recientemente un responsable de Acción Exterior del Gobierno Vasco, cuyo nombre no viene al caso mencionar, que en el empeño de potenciar por tierras del Nuevo Mundo Euskal-Etxeak, colectividades vascas y otras representaciones, declaró que para él era un gran honor continuar, desde su oficina de Nueva York, la labor de los nacionalistas vascos en el Exilio. Pagando tal vez un excesivo tributo a la Casa del Padre, llegó a decir que pese a la disponibilidad actual de medios resultaba improbable que se llegara algún día a superar todo lo hecho en cuanto a la proyección internacional de Euskadi, por aquella histórica generación compuesta por José Antonio Aguirre, Jesús María de Leizaola, Manuel de Irujo, Jesús Galíndez y otros. He aquí, verdaderamente, una de esas cosas obvias en las que casi nunca pensamos, a no ser que alguien nos fuerce a ello o hable sin haber medido de manera conveniente el alcance de sus palabras, como ese joven tecnócrata perteneciente al círculo de confianza del Lehendakari, a cuya ingenuidad hemos de estar agradecidos por dar ocasión al planteamiento de algunas reflexiones interesantes.

¿Cómo es posible que llegaran a alcanzar una resonancia internacional tan considerable unos individuos que tuvieron que huir de su tierra en circunstancias adversas y con lo puesto, que carecían de medios, infraestructura, dinero y apoyo institucional, y que además estaban perseguidos por un régimen político que durante años, a través de agentes secretos, periodistas e historiadores a sueldo se esforzó por transmitir de ellos una imagen difamatoria ante las cancillerías extranjeras, haciéndolos pasar en plan locos con sus viejos cacharros? -No se olvide que José Antonio Aguirre, además de Lehendakari del Gobierno Vasco, llegó asimismo a desempeñar un destacado papel dentro del exilio republicano español-.

¿Y cómo es posible que los actuales funcionarios de Acción Exterior, con jefes de prensa, economistas, ingenieros y personal auxiliar, respaldados por los recursos económicos de la administración y un firme compromiso político del Gobierno Vasco, no sean capaces no ya de movilizar a eso que llaman la diáspora en términos de eficacia política para el proyecto del Lehendakari Ibarretxe, sino de dar a conocer ante la misma opinión pública de Euskadi el trabajo -harto meritorio, dicho sea de paso- de los misioneros y cooperantes vascos.

Podrá decirse que las condiciones han cambiado. Que el mundo actual no está tan politizado como antes, que hoy día el talento abunda más y destaca menos. El mundo está demasiado estructurado, no es posible moverse con la suficiente libertad por aquí y por allá y que te reciban en todas partes con los brazos abiertos como antes. Además ya no hay dictaduras a las que enfrentarse, asi que una vez caído el dragón franquista, de nada sirve un polvoriento y ascético paladín, si no es para ocupar el lugar que les corresponde dentro libros encuadernados en guaflex y distribuidos gratuitamente al público durante los actos conmemorativos de la Fundación Sabino Arana. En fín, que la abundancia de medios y la ausencia de necesidad embotan el espíritu emprendedor de los vascos.

En la Antigüedad los filósofos salían de viaje llevando tras ellos un buque cargado con ánforas de vino y aceite de oliva para financiar su periplo por ciudades como Atenas, Alejandría y Palmira. Aguirre y Galíndez, en un mundo que ya por entonces, en las décadas de los 40 y los 50, comenzaba a globalizarse -y que además no conocía la dieta mediterránea-, se vieron obligados a trabajar como escritores, abogados, profesores universitarios, folkloristas e incluso espías. El representante actual, no ya de una nación, sino de un gobierno autonómico, una causa política o incluso una universidad, es un individuo con máster, idiomas, contactos políticos y un buen sueldo, amen de gastos pagados y por supuesto cláusula de repatriación en su seguro médico. Tenemos sobrepeso y nos hemos vuelto aburguesados, comodones y conformistas. ¿Qué le vamos a hacer?

Sin embargo, además de factores sinérgicos, yo creo que aquí existen también causas internas, relacionadas con los valores. La mediocridad del hacer institucional tiene que ver con el mismo tipo de causas que han provocado el declive irreversible del deporte de élite: una estructura de incentivos perversa. Si lo que cuentan son los resultados relativos, no guiarse por imperativos de orden superior como el honor de los dioses o el fair play, sino puntuar más que el vecino a cualquier precio, no es de extrañar que los atletas se hagan zancadillas, consuman anabolizantes o, como el mítico saltador de pértiga Sergei Bubka, oculten interesadamente al público lo que son capaces de hacer a puerta cerrada, con el objeto de dar un espectáculo de perfeccionamiento continuo y de paso ganar un millón de dólares cada vez que añaden un centímetro más al récord mundial.

El afán de hacer carrera, la corrección política, el ritualismo gregario y un estilo funcionarial de hacer las cosas han terminado por extenderse desde las covachuelas de la administración pública a todos los ámbitos de la vida moderna, incluyendo la empresa, la universidad, el periodismo e incluso la literatura y el arte. La vida operativa de una persona se halla minuciosamente planificada, desde el parvulario hasta la jubilación, con arreglo al principio de que resulta posible obtener un saldo positivo en la economía de la existencia humana. Los anuncios publicitarios que exhibe la BBK con abuelas de buen ver y hormiguitas verdes, pese a su ramplonería, constituyen un buen reclamo publicitario, al estar de acuerdo con la opinión general.

Al margen de toda consideración ideológica, resulta indudable que Aguirre y los hombres de su generación entendían la política y el servicio público no como simples peldaños en una escalinata curricular vana y marmórea. Su actuación estaba presidida por imperativos superiores a sus propias aspiraciones personales, y estas se entregaron a los primeros -en aquel caso la necesidad de restablecer las libertades democráticas y el ideal de la independencia de Euskadi-,hasta tal punto que dejaron de existir en favor de los mismos. Nada en la vida de los viejos jelkides tiene sentido si no es en función de estos objetivos de orden superior que ellos perseguían.

Es aquí, no en un cúmulo de externalidades positivas, donde ha de buscarse el secreto de sus logros. Cuando se trabaja con pasión y se da todo sin ninguna contraprestación, se consigue mucho más que cuando se buscan las cosas de una manera programada. No precisamente lo que uno quería, pero más en otros aspectos. En la vida no es espíritu de trompo lo que hay que tener, sino de líder, artista, agitador o incluso gourmet. A la naturaleza le gusta ser pródiga en oportunidades y dones que nadie le ha pedido.

 
 
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