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Cofradesas y Lehendakari
Bost

La Cofradía laudiarra del Señor Sant Roque, -Sant con t y no acabado en n, lo que denota el origen francés del advocado-, data del año 1599. En la actualidad somos más de 420 los miembros de la misma, entre Cofrades y Cofradesas, operativos y especulativos. Las primeras 5 féminas, admitidas oficialmente en 2001 aunque desde años antes venían en colaborar por su entorno. A la Mesa de Hermandad para degustar un menú tradicional, cada último domingo de agosto, y en el pórtico de la Iglesia de San Pedro de Lamuza, solo nos sentamos hombres, no mujeres. Un ciudadano ha presentado ante el Ararteko una queja, y la polémica está servida.

Se pretende liarla, cizañar, como en Hondarribi con su Alarde. Desconozco los argumentos del denunciante, Cofrade, ó su razonamiento jurídico. Sí le adelanto, al modernista paladín del Santiago y Cierra España -lo haré si resultase menester en el foro indicado interno, asambleario- que tal polémica resulta, cuando menos, interesada y artificial, buscada ad hoc por otra parte.

Los mass media españoles, con El Mundo de artillero mayor, hacen hincapié en que uno de nuestros compañeros a la Mesa es el actual Lehendakari y, muy de refilón, nombran a otro, parlamentario del PP, que también lo es. Obvian, interesadamente, citar a muchos cargos institucionales, que lo son o han sido, del PSE-PSOE, EA, la extinta Euskadiko Ezkerra, y hasta del ultramontano ESB antes de formarse la mesa de Alsasua, ahí es nada.

Mi compañero de Mesa en la Cofradía durante lustros Pablo Gorostiaga, mahikide de HB, ex Alcalde electo del Valle y, hoy, encarcelado por Garzón dentro del Sumario 18/98, también es carne de cañón. Interesa aflorar la supuesta contradicción de ser de izquierdas y abertzale con ser Cofrade. Es ese sector, HB y sus sopas de letras, quien se ha manifestado desde siempre beligerante, y hasta vejatorio, contra nuestra Institución. En un contexto en el que la Cofradía ha sido acusada durante decenios, y con mucha razón, de albergar en su seno a “señoritos” del Pueblo. Así fue, efectivamente. No hay que negarlo, sino incluso airearlo. Se queda, en algunos casos, muy corto el término de “señoritos”. Los falangistas y carlistas locales coparon los cargos, en dicha Institución, durante todo el franquismo. Se vestían ellos, y aún lo hacen, enteritos de blanco inmaculado y pañuelo rojo. Una minoría, que introdujo el pañuelo a cuadros y el pantalón mahón como claro signo de diferenciación, decidió incorporarse a la Cofradía y, desde dentro, intentar cambiar muchas de las actitudes impopulares que la jalonaban.

Quien suscribe al cumplir la mayoría de edad, y a pesar de tener puesto asegurado como primogénito de Cofrade en el legado generacional, solicitó décadas atrás el ingreso de motu propio en proceso preceptivo, cual es acudir a la campa de la ermita del Santo y ante la Asamblea General, a viva voz, pedir la aquiescencia de tal soberano cónclave. Un ex eurodiputado del PP certificó y avaló con su firma mi ausencia física a la Mesa -que hay que justificar, según la normativa interna- de los años 1986 y 1987 por beca de estudios fuera de Euskal Herria. Unos años antes de que el actual Lehendakari entrase a formar parte de la Cofradía, de idéntica manera, se produjo un serio incidente que a punto estuvo de socavar la línea de flotación en las normas de hermanamiento que rigen nuestra Orden. Corría el año 1970 -el año del Proceso de Burgos- y 16 Compañeros de mesas correlativas, a razón de 4 por mesa, todos ellos nacionalistas vascos con adscripción, afiliación o simples simpatizantes de base de EAJ-PNV, y posteriormente algunos de ellos a la izquierda abertzale, solicitaron a los txistularis que entraban en la porticada para interpretar el aurresku de honor, que sonasen las notas del “Eusko Gudariak”.

Comenzaron a entonar la canción, siguiendo el ritmo de los txistus, 16 entre 350. Muchos de esos 16 hoy con la insignia de oro de la Cofradía por sus más de 50 años de pertenencia a la misma. Lo remarco porque entonces, entre los 334 restantes, también estaban, callados como tumbas, quienes han sido presidentes de Uri Buru Batzarrak locales, hijos de ex mayordomos de la Hermandad y, sobre todo, un variopinto elenco de ediles, pretendidos nacionalistas vascos, en legislaturas varias. Afiliados jelkides de conveniencia muy tardía y tufo más que sospechoso que acudían a la Mesa con camisa verde en la que se leían, bien grandes, las iniciales S.A.R., apócope inequívoco de Su Alteza Real. Su Alteza Real Carlos Hugo de Borbón y Parma, entiéndase. No el otro, Juan Carlos, al que no podían ni ver e incluso prepararon con las convenientes dosis de mala leche un recibimiento al más puro estilo Batasuna pero en versión carlista, esto es, zarandear su coche oficial y tirándole huevos en su primera visita como Príncipe a una centenaria empresa afincada en Llodio. Carlistones acomodaticios como camaleones que, muchos de ellos con la llegada de la Reforma, encontraron fácil refugio en las entrañas mismas del PNV copando sus órganos de decisión durante los 13 nefastos años de la era pactista Ardanza-Rosa Díez. Miembros del PNV, a todos los efectos legales, que hicieron entrar en una deriva irreconocible a lo que un día, no tan lejano, fue el racional, efectivo, popular y coherente PNV. Un PNV cuyas ideas sabinianas aquellos 16 Cofrades, surgidos del Pueblo, que no tenían ni idea de lo que era la realpolitik pero sí lo que era Euzkadi, llevaban en la sangre y los genes.

Pablo, ya siendo cuadro dirigente de HB, acudió a título individual en Sukarrieta al homenaje a Sabino Arana Goiri, por ejemplo. Mi abrazo fraternal para todos ellos, Hermanos de pensamiento en lo fundamental, y la distancia intelectual máxima hacia los compañeros Cofrades que, camuflados en la masa autárquica, si el Partido les pedía ayuda en la clandestinidad franquista, contestaban: “No quiero líos, bastante sufrimos en la guerra, no quiero saber nada ni ayudar en nada… (sic)”.

Esos, Cofrades, hoy ocupan remunerados y dedocráticos puestos, vergonzosamente remunerados, de ediles, junteros, cargos de confianza gubernamentales. La realidad siempre supera cualquier ficción. Queda diáfana mi diferenciación, y consideración, entre aquel PNV que absorbí y heredé, racional e intelectualmente por vía familiar de varias generaciones, y socializada dentro del propio Pueblo, y buena parte del actual que conserva -y usurpa, dicho sea sin ambages y a mi humilde entender- su histórico nomenclator y legado en un viaje a ninguna parte que, más pronto que tarde, va a rebasar todos los límites. En otro viaje de llodianos al Paraguay en los años ochenta, al que nos acompañó el Lehendakari siendo entonces Alcalde, Alfredo Stroessner era allí ya el dictador más longevo de Sudamérica…. pero el Partido Colorado también cayó. Como lo hizo el PRI mexicano. El Pueblo es soberano, y sabio. Tiene dosis de paciencia extrema…hasta que le hartan.

Volvamos al suceso. Poco a poco comenzó un extensivo rumor que, como el aceite, recorrió los escasos 60 metros del pórtico ya que mientras aquellos no paraban de cantar los demás, entre ellos el Jefe de la Falange local, y algunos de los tardíos advenedizos a las filas del PNV, solicitaban a voz en grito y con todo tipo de aspavientos propios del la derechona recalcitrante, “Silencio, Silencio, Silencio….”. Un tío del parlamentario del PP -hijo del alcalde franquista de la localidad, y directivo de la Hermandad- se levantó de su asiento y se dirigió, presto, a las mesas de los disidentes para coartarles su libertad de expresión. Pero se encontró con algo que no esperaba. Allí había Hombres, con letras mayúsculas, que no se iban a arrugar ante nada. La tensión se podía cortar con un cuchillo y el preboste mandó parar, agarrando del brazo ejecutor izquierdo, al txistulari que, entre dos fuegos, no sabía muy bien qué hacer, si seguir o callar. Un Cofrade de Areta, que no de Laudio, seguido ipso facto de otros tres más, se levantó, a su vez, de su asiento y, apartando el brazo inquisidor del hoy pepero demócrata de toda la vida de un firme manotazo, conminó a Gotzon, ya difunto, a que continuara interpretando, más fuerte, la melodía; “Aurrera, Gotzon…”. Otro cofrade, también de Areta, gritó a la cara del mandamás, que no salía de su estupor y asombro: “Gora Euzkadi Askatuta”. Para entonces, las jarras de vino, a litro por comensal, ya se habían consumido todas y los ánimos estaban más que encendidos.

Dos requetés de la Vieja Guardia y borla, que habían participado en la trama civil del golpe militar de 1936 con los Echave Sustaeta, el Comandante Rabanera, Oriol, Arana, y otros alaveses del fascio redentor, combatientes de la “División Azul” en Rusia, abandonaron las mesas para nunca más volver a bajar al pueblo ese día, en señal de airada protesta perpetua por lo que allí estaba pasando. El incidente acabó de esta manera: llorando, literalmente, con lágrimas en los ojos, quien había ordenado parar al txistulari pidió “perdón, perdón...” a los 16 valientes que, desde dentro de la propia Institución, desafiaron al Régimen tradicionalista imperante en la Cofradía.

Que nos dejen hacer, ahora, lo mismo: solucionar las cuestiones internas entre nosotros. Mujeres sí o no en la comida de Hermandad, debatiéndolo entre los Socios de una entidad privada, no se olvide, hoy día plural a más no poder y democrática como pocas. En la campa cada primer domingo de agosto podemos tomar la palabra, y decir lo que pensamos, todos y cada uno de los cofrades, y cofradesas. Seremos convocados al efecto en 2009 y será necesario un 75% de votos positivos para cambiar los estatutos internos. Permítanme predecir: en esta ocasión no pasarán de un 13% los votos favorables a la inclusión de mujeres en la Comida de Hermandad, siendo el 87% restante favorables a mantener la tradición legada. Traducido en votos, 365 contra 54 , suponiendo que votemos todos y siendo muy generoso hacia las minorías en la apreciación. Lo escribo con un año de antelación. Es decir, será justo al revés el resultado de lo que es menester para que, lo que se pretende, sea posible llevarlo a efecto.

Con el cebo del Lehendakari en primer plano como jefe de un Ejecutivo que supuestamente incumple la Ley de Igualdad que impulsa su propio Gobierno -aspecto que falta a la verdad según jurisprudencia, además de ser inexacto e incierto-, puede que pantxitos incautos muerdan el anzuelo que se les tiende soltando cordel. Ni nuestro Mayordomo, Juanjo Salazar Olabarria, ni otro Juanjo- en este caso nuestro Primus inter Pares -ambos amigos antes que y además de Compañeros, se lo aseguro, Ararteko, no son, ni han sido jamás, ni lo serán, discriminatorios con ninguna mujer. Es más, resultan parecerse y ser, con su práctica efectiva conciliadora, adalides de la libertad individual y colectiva de todo ser humano.

Como lo es usted, Defensor del Pueblo, Ombusdman, con otros colectivos a los que pertenece por voluntad propia y que merecen, como no podía ser de otra manera, todo el respeto y la no discriminación. Dejen en paz y tranquilo, pues, al Lehendakari. Líbrale de sus amigos, que de los enemigos ya lo hará él mismo. En Laudio no existe tal debate y no pretendan encontrar similitudes con el Alarde de Hondarribi.

Nada tienen que ver una cuestión y la otra. Las propias mujeres de nuestro Pueblo, cónyuges, hijas, amamak, entienden perfectamente que las normas internas de las que nos hemos dotado sigan así por lo siglos venideros, aunque habrá excepciones como en toda regla. Sorprende y chirría, estrepitosamente, la llamada al “debate sereno en aras de la Hermandad” de determinados Cofrades en Cartas al Director alegando que “ni las instituciones políticas ni los partidos se inmiscuyan…” siendo el primer firmante y postulante un militante del PNV, ex cargo electo, de los que sigue sin quitarse la camisa S.A.R. públicamente aún hoy en día, en el año 2008. ¿También aquí, en este asunto, sus supuestos propios compañeros de militancia, le vais a dejar en la estacada al Lehendakari, al pie de los caballos?. Vuestra arrogancia, suficiencia y despotismo, al hacer la cama al Lehendakari de Euzkadi de forma tan ignominiosa, no tiene límites conocidos y hasta raya la vileza. !!Y luego le pasáis la mano por el hombro, cada vez que le veis en el Pueblo!!.

Si afirmo rotundo que los laudiarras nacimos rojiblancos, y generalizo diciendo: “En Laudio, todos somos del Athletic”, podrán salir al albero de la cibernáutica advenedizos mensajeros con el dato, muy cierto, de que hay merengues, y hasta una Peña del Barcelona en la segunda localidad arabarra. Así es…. pero hay que ser de Laudio para saber que lo que digo, es irrefutable: nacimos rojiblancos y, por tanto, llevamos al Athletic en la sangre. Los surgidos después - un buen amigo los define con precisión y sabiduría aldeana, “…trenak ekarrikue ” - son, eso mismo: llegados más tarde, y de allende otros lares distintos a Laudio.
Por lo tanto nunca sabrán, y menos si no ponen el empeño preciso, lo que significa el Athletic, ni lo que trasciende el simbolismo de la Cofradía. Es lo que le ocurre al denunciante, que llegó a Laudio-Llodio, y se “hizo”. Como en el chiste del cartel a la entrada del Valle que rezaba “Aceros de Llodio, y “se hicieron”.

Con ocasión de la presentación de un libro de mi autoría editado por la Diputación Foral Alavesa, el pasado siglo, invité al acto institucional a José María Arrate, en su calidad de Presidente, entonces, del Club de Ibaigane. Accedió, amablemente. Al finalizar, le pregunté sin más testigos que los dos contertulios: “José Mari, sabes que existe un debate sobre extranjeros sí o no en el Athletic; ¿Tú, qué opinas?”. “Mientras yo sea presidente, eso no ocurrirá”, fue su respuesta. Agradecí la meridiana claridad de ideas en tiempos tan pusilánimes y convulsos. Ningún hombre solicitará, jamás, entrar en la Coral femenina “Andere” de la localidad, porque es precisamente eso, una masa coral femenina del pueblo. Aunque no haya allí ninguna componente que cante tan alto y afinado como un contratenor masculino, valga el ejemplo, quien bien pudiera ocupar uno de sus puestos en la cuerda respectiva sin desmerecer en absoluto por alcanzar, aquel, cotas de tonalidad superiores rebasadas las cinco líneas del pentagrama. Ningún Cofrade impedirá que otra Cofradía femenina, mixta, ó masculina, realice otra comida similar a la nuestra. Como aquel presidente del Athletic, le digo con todo respeto y humildad al Ararteko: “Iñigo, mientras yo sea Cofrade, eso no ocurrirá”. La izquierda abertzale no puede meter con calzador y a la brava, en una institución privada, su propia manera de ver las cosas. No existe dinero público para esta Cofradía privada. Si siendo privados aparecemos en el programa oficial de fiestas y hay que sacarnos de allí, que lo hagan ya mismo. Seguiremos siendo los mismos, y las mismas. Lo que tenga que venir después, ya llegará.

 
 
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