Desde
la cárcel de Córdoba
Carmen Gisasola y Joseba Urrosolo Presos políticos vascos
en Gara
Es grave acusar públicamente a unos compañeros de
planes de colaboración o intentos de división que
no existen; sólo por el mero hecho de haberse desvinculado
de una estructura organizativa.
Estos días han vuelto a publicarse afirmaciones
que no sabemos ni de dónde vienen ni a cuento de qué,
pero que, en cualquier caso, no tienen ningún fundamento.
En la cárcel de Córdoba, en lo que a nosotros respecta,
no tenemos ninguna constancia de no sabemos qué escrito firmado
por no sabemos qué presos.
Para evitar malas interpretaciones y manipulaciones,
y aun pensando que este tipo de decisiones tendrían que quedar
en el ámbito personal, tenemos que comunicar públicamente
que decidimos, en su momento, desvincularnos del Colectivo de Presos
Políticos Vascos. Lo hacemos público para dejar clara
nuestra posición y evitar que se utilicen nuestros nombres
para salsear con supuestos montajes que no existen. Las razones
que nos llevaron a tomar esa decisión son las siguientes:
En el mes de febrero y mediante un comunicado público,
los responsables del CPPV informaron, en términos que nos
parecen inadmisibles, de la «expulsión» de Kepa
y Txelis. En el comunicado, y en nombre del CPPV, se ponía
en cuestión a estos dos compañeros, es decir, 30 años
de militancia cuestionados públicamente sin ningún
fundamento. La celda se nos hizo pequeña al ver cómo
estaban utilizando sus nombres y a eso se unían las ganas
de querer transmitirles, en ese mismo momento, nuestro aprecio personal
y nuestra solidaridad, aunque estábamos convencidos de que
muchos de los que les han conocido durante sus 30 años de
militancia, de exilio y de cárcel no darían ningún
crédito a esas acusaciones.
Pasados unos días, Kepa y Txelis publicaron
una carta de respuesta, «Euskal Herriari», donde informaron
de las razones que les llevaron a desvincularse del CPPV y desmintieron
una por una, y con datos contrastados, las acusaciones que contra
ellos se hicieron en nombre del CPPV. Han pasado unos meses y, pese
a las llamadas en privado a la rectificación, los actuales
responsables de CPPV no han demostrado ni desmentido las acusaciones
que realizaron y guardan silencio. Pero el silencio y el olvido
no son las bases sobre las que queremos construir el futuro. En
este caso se han realizado afirmaciones y sembrado dudas sobre dos
compañeros y nos debemos el exigir que las cosas se aclaren;
ya que lo único que hicieron fue desmarcarse de una estructura
organizativa, como es el CPPV, por no estar de acuerdo. Por tanto,
¿a qué viene plantearlo como una expulsión
cuando fue una decisión personal y libre, sin más
historias? Decisión que tampoco nos sorprendió, porque
llevan años planteando que hay que pasar a una etapa exclusivamente
política.
No sabemos los motivos que llevaron a los responsables
del CPPV a publicar aquel comunicado, pero ¿quién,
que conozca a Kepa y Txelis, puede creer que se hayan sumado a estrategias
de división entre los presos? Si en el propio comunicado
se admite que ni sabían para qué se había reunido
Kepa con Txema Urquijo, ni de lo que habían hablado, ¿a
qué viene el acusarles de colaborar en no sabemos qué
políticas penitenciarias? Y después de saber que el
motivo de aquella reunión era solicitar las ayudas que le
corresponden como víctima del GAL para que pueda tener un
tratamiento médico de los problemas derivados de las heridas
sufridas, ¿cómo es posible que nadie se haya planteado
que fueron demasiado lejos en su comunicado y que lo menos que podían
hacer era rectificar y pedirles disculpas?
Es grave acusar públicamente a unos compañeros
de planes de colaboración o intentos de división que
no existen; sólo por el mero hecho de haberse desvinculado
de una estructura organizativa. Kepa y Txelis tienen el mismo derecho
que cualquier otro militante de la izquierda abertzale, estén
presos o en la calle, a desligarse de las organizaciones a las que
voluntariamente pertenecen, y esta decisión merece el máximo
respeto.
Por otra parte, nosotros llevamos más de
15 años siendo conscientes, y planteando, que dados los parámetros
en los que se va a dar un posible acuerdo, hay que tomar ya la decisión
de materializarlo. Mucho tiempo en el que lo políticamente
correcto, dentro de la izquierda abertzale, ha sido hablar de procesos
constituyentes para todo Euskal Herria y otros planteamientos de
ese tipo que nos han llevado cantidad de horas de discusiones absurdas.
Pensamos que había que haber seguido con
los acuerdos de Loiola, porque la garantía de que esos acuerdos
se cumplan están en las dinámicas políticas
que se generen al ir dando pasos y avanzar en un proceso de paz,
en las dinámicas e ilusión que se creen en la sociedad
y no en el supuesto papel de garante que la organización
armada pueda aportar en este sentido.
Llevamos ya mucho tiempo planteando que, tan importante
como el acuerdo que se podrá lograr, nos parece el futuro
de la izquierda abertzale. Pues estamos convencidos de que una vez
que se llegue a un acuerdo político, ya no serán ni
el mito de la organización armada ni el mundo de los presos
los que la cohesionen. Serán las ideas y la forma de funcionar.
Y como no se acierte en eso, como no se consiga funcionar de una
manera abierta, participativa, aglutinando a la amplia y plural
base social que puede representar la izquierda abertzale en otro
contexto político, entonces sí que se perderá
el potencial que tiene como motor para el futuro de nuestro pueblo.
Y eso es lo que nos preocupa. Ya quedó claro
en Iparralde que una buena parte de la base de la izquierda abertzale
no se siente representada por la actual Batasuna. Hay síntomas
evidentes, también en Hegoalde, para el que lo quiera ver.
A estas alturas no se puede pensar que la estrategia adecuada sea
un viraje hacia discursos y prácticas de cerrazón
grupal, una vuelta a una política que dinamita puentes y
que busca al enemigo más odioso entre los aliados posibles.
En Irlanda el Sinn Fein ha salido fortalecido de la decisión
que tomaron y los IRA Verity y Continuity son los que han quedado
al margen. Por tanto, se puede estar de acuerdo o no, pero estos
planteamientos no son nada del otro mundo. En Irlanda no habrían
sido un problema porque eran las tesis de la «posición
oficial». Martin McGuinness lo expresaba en una entrevista
a «Berria»: «Dijimos claramente a nuestra gente
que no podíamos seguir con la lucha armada estancada otros
20 años».
Han pasado 10 años desde que hicimos público
el artículo «Nos ilusiona lo de Irlanda». Fue
una forma suave de decir lo que pensábamos. En adelante sólo
pretendemos seguir aportando lo que podamos como presos políticos
vascos; ya que nuestra condición de presos políticos
vascos y el compromiso que adquirimos con nuestro pueblo, hace ya
más de 30 años, están por encima de la pertenencia
a cualquier forma organizativa. Aportación que sólo
la entendemos dentro de la reflexión que haga posible, también
en nuestro pueblo, un acuerdo político que hace ya años
se tenía que haber producido.
Por último, decir que estamos convencidos
de que si los presos hubiéramos estado, como en Irlanda,
agrupados en las cárceles de Euskal Herria, también
aquí se habría producido y materializado esa reflexión
que allí les llevó a priorizar el camino de la negociación
y el acuerdo
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