Diez
razones ante la operación EMES en Eroski
Simon Martinez de Arroiabe y Agustin
Zugasti*
Hace unos meses la dirección de Eroski apuntaba
unas intenciones que generaron una profunda preocupación.
En las últimas semanas, se confirman o se superan las peores
hipótesis, y nos encontramos ante un planteamiento de una
enorme envergadura. Resumiendo los análisis estratégicos
y jurídicos realizados, el resultado final que pretende la
dirección supone que Eroski diluye su poder de decisión
en una cooperativa de segundo grado, con dos consecuencias claras
y buscadas: la irreversible y progresiva mayoría española
en el poder y, por otra parte, la velada salida de MCC a efectos
prácticos, ya que se crea una especie de nueva corporación
alternativa a la medida de la dirección de Eroski con control
estatal. Es la esencia del proyecto EMES, que la dirección
pretende aprobar sin retorno este otoño.
Con bastante objetividad se puede calificar esta
situación como una de las coyunturas más críticas
e importantes en la historia del cooperativismo vasco, y el más
grave en el caso de MCC. Los firmantes de este artículo somos
solamente portavoces puntuales de una sensibilidad amplia –y
seguramente mayoritaria- de los entornos a los que nos referimos.
Tenemos en mente a los socios de Eroski, los cooperativistas y órganos
de MCC, las instituciones vascas y la sociedad vasca en general,
y es razonable pensar que todos ellos comparten importantes razones
para oponerse a la operación EMES, independientemente del
grado de mediatización que tienen en este momento. Somos
conscientes de que la dirección de Eroski tiene atados muchos
cabos, pero con la esperanza de que la información haga su
camino, nos parece urgente socializar las siguientes consideraciones:
1. El proyecto EMES, que puede ser aprobado en octubre
de forma irreversible, supone la creación de una nueva instancia
o corporación a la medida de las intenciones de la dirección
de Eroski, de nivel estatal, y la salida a efectos prácticos
de la órbita normativa de MCC. Esta realidad se pretenderá
ocultar o minimizar, pero es fácilmente constatable con la
lectura del texto del proyecto. Hay aspectos en el proyecto EMES
como el hecho de que se disparan las retribuciones económicas
de los directivos y otros detalles que rompen con principios y prácticas
cooperativas, pero lo importante y lo central es que los directivos
de Eroski pretenden, metafóricamente y a todos los efectos,
cambiar de campo.
2. EMES es una operación pensada y preparada
largamente a espaldas del propio colectivo de socios y del grupo
cooperativo. Es desagradable aludir a personas concretas y no queremos
incidir mucho en ello, pero no escapa a ningún análisis
la influencia de un fuerte liderazgo con determinada sensibilidad
ideológica que durante años ha ido vertiendo comentarios
irónicos sobre el ámbito vasco. Sin duda son lícitas
todas las sensibilidades, pero es preocupante que por determinados
empeños personales una realidad cooperativa tan importante
para un país pequeño cambie su naturaleza sin un debate
sereno y profundo sobre sus implicaciones.
3. Existen elementos estructurales en Eroski que
facilitan que la dirección mediatice a los órganos
decisorios. En su metabolismo interno, en Eroski no se cumple la
regla básica de la autonomía real de la asamblea,
al estar la mitad de la misma ‘direccionada’ por el
ejecutivo. Por causa de otros aspectos históricos y estructurales,
Eroski es una cooperativa ejecutiva, donde la capacidad de manejo
del ejecutivo frente a la voluntad soberana de sus socios es especialmente
alta. Por una parte, con este esquema, es entendible que no les
preocupe demasiado tener diez mil o cincuenta mil socios, con o
sin cohesión social. Pues, de hecho, la cooperativa más
grande del país está controlada en el fondo por el
número de personas más pequeño. No les da miedo
ser aún mucho más grandes. El problema es hasta qué
punto se es realmente cooperativa.
Por otra parte, esta característica hace
que ante una encrucijada histórica de esta envergadura se
vaya a tomar una decisión mediatizando y no sopesando realmente
la voluntad de su base con toda la información sobre la mesa
y ante distintas alternativas factibles.
4. La operación EMES es una pésima
noticia para este país. Y esta lectura no es ni debe hacerse
desde una perspectiva nacionalista. Es simplemente tener una visión
de país (si se cree que no somos un país o que el
país es otro, es otro problema, y seguramente se trata de
eso en la dirección de Eroski). La sociedad vasca, de la
cual Eroski es de alguna manera parte de su patrimonio intangible,
queda sin la posibilidad de tener su grupo de distribución
cooperativo. Lo que ha sido el grupo vasco Eroski quedaría
dentro de una estructura con mayoría en el estado, y se tenga
la sensibilidad política que se tenga, a nadie se le escapa
que en España existe una estructural y arraigada tendencia
a impedir ámbitos vascos de decisión en todos los
órdenes.
5. Los poco iniciados en el tema pueden tener la
vaga creencia de que la operación se justifica por lo menos
empresarialmente. Una de las mayores sorpresas con este tema es
que no hay argumentos empresariales que se sostengan. En general,
como es sabido, Eroski en el País Vasco es económicamente
pujante, de forma sostenida. Y en las filiales del estado se pierde
mucho dinero. Hasta el propio repetido argumento de la necesidad
imprescindible de dimensión a efectos de “economías
de escala” en precios de compra utilizado por los artífices
de la expansión española es ahora discutido por importantes
analistas. Es muy interesante el ejemplo de Consum, que ha hecho
una apuesta diferente, ante los vaticinios catastrofistas de sus
antiguos compañeros. La realidad muestra que la apuesta regional
de Consum está marchando bien, y en cambio Eroski tiene grandes
pérdidas en sus filiales del estado. Sin duda, existen alternativas
diferentes. Hay consejos que plantean vender filiales. La opción
de cooperativizar ‘a la brava’ cerraría esa puerta
y plantearía futuros complicados y de altísimo riesgo.
Empresarialmente EMES no es una buena opción. Pero parece
que pesan empeños personales largamente acariciados para
hacer de Eroski un mega-grupo a nivel de España.
6. La operación tiene otros aspectos colaterales.
La retribución de los directivos se dispara con este proyecto
desligándose totalmente de referencias internas cooperativas
y tomando como referencia las empresas capitalistas de distribución.
Ello permite multiplicar las retribuciones de los directivos, rompiendo
todos los techos imaginados hasta ahora en un entorno cooperativo.
Existen datos para pensar que este punto (hay otro detalle que afecta
a un cargo concreto) ha sido uno de los acicates para motivar a
los cuadros directivos a adherirse con gran interés a una
operación que se veía complicada.
7. En realidad, un proceso de cooperativización
de las filiales sería más simple sin el proyecto EMES,
sin crear una estructura de poder mediante una cooperativa de segundo
grado, simplemente cooperativizando las filiales como cooperativas
mixtas. ¿Por qué perseguir entonces un esquema como
el EMES que plantea tantos problemas, supone salirse en la práctica
de el área normativa de MCC y crear un centro de poder de
ámbito estatal? Precisamente, parece ser, porque es eso lo
que se busca. EMES no responde a razones prácticas, ni empresariales,
y ello es demostrable con datos. La conclusión es que la
dirección de Eroski alberga intenciones expresas con este
modelo que propone, que se materializarían en sus consecuencias
básicas: concentración de poder alejándolo
aún más del posible control de los socios trabajadores,
disolución del ámbito vasco de decisión, ruptura
completa de barreras en la retribución de los directivos,
y mayor desligue de normativas concretas de MCC.
8. No es de recibo ocultar y minimizar el tema en
los órganos corporativos. Actuar escurriendo el bulto y quitándose
un problema incómodo de encima acarrea una gran responsabilidad.
Dar luz verde a esta operación puede constituir el punto
negro biográfico de algunos gestores actuales de MCC cercanos
a la jubilación. Es un momento que va a marcar el futuro
del grupo y que afecta directamente a uno de los principios básicos
cooperativos. Es, por tanto, un momento en que los órganos
cooperativos deben cumplir su función, planteando un debate
profundo.
9. La baza más importante de la dirección
de Eroski consiste en vender la operación como coherencia
con los principios cooperativos. Señalar la contradicción
de la realidad asalariada en las filiales funciona como creador
de mala conciencia y desactiva otro tipo de reflexiones. Estamos
ante una utilización de los sentimientos cooperativistas.
Sin duda alguna, las cooperativas vascas tienen un reto complicado
con ese equilibrio entre identidad y expansión societaria.
Acertar en fórmulas que combinen la identidad con ampliar
opciones de participación es una tarea pendiente. La clave
está en combinar el principio básico 3 (soberanía
del trabajo) con el 8 y 9 que definen la vocación territorial
y la necesidad de identidad de esta experiencia abierta al mundo.
La salida no es, como hace la operación EMES, cargarse los
principios 8 y 9 con el argumento de ser coherentes con el principio
3. Son, como hemos señalado, otros empeños y otros
intereses los que están influyendo. Principios sí,
todos, armonizados y en constante evolución y revisión.
Con un debate compartido y con garantías de participación.
10. Sin duda, existen razones de peso para oponerse
a esta operación. Pero la única oposición válida
es la que abre las puertas a alternativas mejores. Es este el mensaje
básico de este artículo: dar oportunidad a un debate
serio. Y plantear opciones para decir sí. Decir sí
a un modelo de Eroski acorde con los principios 3, 8 y 9 de la Experiencia
Cooperativa. Sí a un grupo cooperativo de distribución
y consumo comprometido con el país que lo creó, en
sinergia con todo el movimiento cooperativo vasco. Sí a un
análisis serio del balance económico real de las filiales
y a sopesar distintas alternativas (red, matriz, doble marca, modelo
Consum, filiales cooperativizadas mixtas…) para el futuro
de un grupo vasco de distribución solvente y fuerte. Sí
a un cultivo de valores cooperativos en cualquiera de las alternativas,
y una cooperativización creciente de la gestión, los
resultados y el control allí donde vayan cuajando los valores
reales que pueden sustentar procesos de soberanía responsable.
Sí a un debate amplio y sereno sobre todo ello, especialmente
sobre las distintas alternativas.
Las razones vertidas en este escrito son muchas.
Sin embargo la dirección de Eroski obra con experiencia e
inteligencia, y se está a punto de adoptar una decisión
irreversible, sin que cuaje un debate serio que exprese la verdad
de las mayorías reales.
Sabemos positivamente que agentes fundamentales
de la experiencia cooperativa comparten el fondo de estas consideraciones,
y no es difícil pensar que una importante mayoría
de los socios de Eroski también los comparten. Hacemos un
llamamiento urgente a todas las personas de todas las instituciones
decisorias para que actúen en estas semanas con responsabilidad
y sentido histórico.
(*) Miembros del Grupo Mondragon
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