Los
cosacos del Kazan
Antxon Arrizabalaga
Primero el gobierno vasco prohíbe una manifestación
de los familiares de los presos y luego nos perturba la fiesta con
un gran despliegue de su policía, justo la misma que echamos
en falta, por ejemplo, cuando vemos la impunidad con la que se introduce
la droga en nuestro país.
Ayer parecía que nos
han dedicado un despliegue-demostración, similar al que a
veces nos hace el ejército español ocupando algunos
de nuestros pueblos. Es probable que esto también tenga que
ver con las próximas elecciones, en una ciudad en la que
la mayoría del voto se inclina hacia formaciones contrarias
al abertzalismo. Seguramente los partidos que componen el gobierno
vasco, vulnerando el derecho fundamental de reunión y manifestación
de los familiares de presos, querrán contentar o atraer a
esos votantes y quien sabe, quizás incluso jueguen a lograr
su apoyo para recurrir ante el Tribunal Europeo de DDHH.
En la calle Mayor hemos podido ver como una formación
de unos veinte ertzainas, vestidos con ese uniforme de dar miedo
que utilizan, y apuntando sus armas lanzapelotas hacia los cuatro
vientos, avanzaba desde el Boulevard hacia la iglesia Santa María.
Avanzaban contra nadie y apartándonos contra las esquinas
a todos los que nos encontrábamos tranquilamente tomando
un txakoli, pues los establecimientos estaban a rebosar. Lógicamente
los ciudadanos nos hemos sentido molestos pues no entendíamos
la tensión a la que nos sometían donde no estaba sucediendo
nada.
Allí estaba Berde, quien ha abandonado precipitadamente
la citada calle, no sin que uno de los presentes le haya preguntado
si ese es el tratamiento del PNV a estos temas. “No hay que
confundir una cosa con la otra” ha dicho una de sus acompañantes.
Otra de las allí presentes ha preguntado tras ser arrinconada
qué había de malo en tomar un txakoli a lo que un
ertzaina saliéndose de su formación y dirígiéndose
hacia ella, no con buenas maneras, le ha espetado que aquel no era
buen sitio para potear. Que se lo digan a los dueños de los
establecimientos “de lo viejo”, y que lo hagan cuando
vayan a cobrar los impuestos con los que les mantienen a ellos.
Justo desaparecida la formación entre la
masa que llenaba la calle y mientras descargábamos la tensión
vivida haciendo todo tipo de comentarios, irrumpe en la calle desde
el Boulevard, la txaranga de los Bebes de la Bulla, tocando los
“cosacos del kazan”. El sentimiento de liberación
de todos los presentes ha sido inmediato. Todos hemos comenzado
a aplaudir, a reír por lo insólito de la situación
y muchos a saltar y bailar al son de sus compases. Y hemos visto
claramente qué es lo que el pueblo desea y qué es
lo que el gobierno vasco se empeña en denegárselo.
En mi opinión lo sucedido es una afrenta
y un castigo a los familiares de los presos, impidiéndoles
el ejercicio de uno de sus derechos fundamentales y también
es un castigo a la población que quiere disfrutar de una
de sus fiestas. No entiendo quien ni cual es el beneficio de estas
gestas que nos organiza el gobierno vasco, salvo que en él
tengamos “un cosaco en su brioso corcel, que va a la estepa
siempre al trote, que del mundo es un azote, zote, zote….”,
y a quien solo se me ocurre decirle que está siempre a tiempo
de someterse a un buen tratamiento. |