La
fiesta nacional ¿española?
Iñigo Saldise Alda
Los nacionalistas españoles, taurinos o no,
defienden las corridas de toros como la fiesta nacional de su estado,
el reino de España. Antes de entrar en este absurdo debate,
al menos para los conocedores de la historia del Estado de Navarra.
Dejando a un lado la denominada corrida vasco-landesa,
la cual podíamos calificar como el arte de torear propio
de los navarros, aparte del encierro de Iruñea, nos centraremos
en el denominado arte de la lidia tradicional, llamado así
por los nacionalistas españoles, un símbolo de la
forzada unidad del reino de España.
El arte de la lidia del toro bravo lo podemos definir
en estos términos tomando como referencia a autores tan ilustres
en este tema como en otros: Santo Tomás de Villanueva, Blames,
Campomanes, Jovellanos, “Figaro”, Lord Byron, Alejandro
Dumas, “Saint”, Concepción Arenal, Pierre Loti,
Ramón y Cajal, Jacinto Benamente, García Sanchíz,
Pío Baroja, Francisco Silvela, Francisco Cambó, Miguel
de Unamuno, Mariano de Cavia, Blasco Ibáñez y el cardenal
Gasparri, conocedor como religioso de la prohibición vaticana
al respecto, entre otros grandes taurinos, como capeas, becerradas
y charlotadas.
Antes de continuar, la recopilación de los
datos que voy a presentar ha sido realizada por José Martínez,
un autor desconocido por muchos, de detractores y defensores del
arte de matar a ese animal.
Los nacionalistas españoles defienden como
ancestral el arte de matar toros e incluso de los caballos, los
cuales hay que decirlo, no tenían la actual protección
del peto, intentando con ello apropiarse del arte de torear como
algo exclusivo, es decir, algo propiamente dicho español,
antes incluso de la formación violenta de su estado, al menos
en lo que se refiere a costa del Estado de los vascos, Navarra.
Los amantes de la lidia de los toros, en cualquiera
de sus vertientes actuales o pasadas, deben saber ante todo que
los prelados o clérigos no deben asistir nunca a la “fiesta”
de los toros, por ser infame la lidia de dichas fieras, siempre
y cuando esta lidia sea para la obtención de beneficios económicos
por cualquiera de los participantes en la misma.
Incluso los españoles deben saber que uno
de sus principales exponentes de su nacionalismo español,
Isabel de Castilla, luchó contra la celebración de
las corridas de toros, incomprensible en una reina, la cual sólo
tiene que mandar u ordenar su prohibición de, a su parecer,
tan feroz espectáculo, tal vez debido a la influencia de
su catolicismo extremista, el cual seguía los mandatos de
los pontífices, partidarios de la abolición de la
barbarie de la matanza de los toros en el ruedo.
En el reino de España siempre han discutido
la viabilidad de la prohibición de la lidia del toro bravo
a lo largo de su pequeña historia, la cual ha contado con
innumerables detractores. Se llegó incluso a prohibir en
el reino de España en tiempos de Godoy.
Pero su denominada “fiesta nacional”
ha llegado a la actualidad, al siglo XXI, contando con nuevos partidarios
de la misma y modernos detractores, entre los que encontramos al
muy conocido últimamente en la vieja Iruñea por su
manifiesta oposición, no solo de la lidia, sino de nuestros
queridos encierros, el colectivo P.E.T.A.
Centrándonos exclusivamente en la lidia que
se realiza por las tardes en la capital vasc(on)a, nos podemos encontrar
a bastantes detractores entre las gentes de esta tierra, pudiendo
destacar a un amplio sector, existente entre los denominados nacionalistas
vascos, los cuales ven como una imposición de las corridas
de toros, por parte de los españoles, una imposición
más entre muchas otras.
Es posible que estos últimos detractores
estén en lo cierto y que actualmente la lidia del toro bravo
en nuestra capital sea una imposición más a los navarros,
pero serán muy pocos los conocedores de la existencia histórica
en nuestro Estado soberano, de corridas de toros en la capital del
Estado vasco(n).
Cuando el Reino de Navarra era soberano, podremos
encontrar datos de la práctica del arte del toreo en nuestra
capital, en las cuales podemos encontrar a personajes tan ilustres
de su época, como el príncipe negro o de Gales, aliado
de los navarros en tiempos de Carlos II de Evreux en sus luchas
con el reino de Castilla por la recuperación para Navarra
de La Rioja, Araba, Gipuzkoa y las tierras del Alto Aragón,
entre otras.
Hay que decir que es difícil concretar si
esas corridas eran como las que conocemos actualmente, es decir,
en las que se mata al toro, o eran como la actualmente conocida
como corrida vasco-landesa, de gentes de la Gascuña, en aquel
momento bajo soberanía inglesa y de Navarra, en las cuales
no se mata al toro, como en los encierros que se dan en sanfermines
y otras fiestas relacionadas con la tauromaquia existentes en la
amplia geografía navarra.
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