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Operación militar imaginativa y limpia: jaque sin mate
José Felix Azurmendi en Vasco made in Caracas

Los judíos -no puedo hablar de israelíes porque entonces no existía Israel y eran polacos y alemanes y rusos y franceses ...- fueron pioneros en guerrilla urbana o en terrorismo urbano, que de las dos maneras se puede llamar a los mismos hechos, dependiendo de contextos, complicidades o puntos de vista. Algunos judíos -creyentes o ateos, sionistas o no, de derechas y de izquierdas- se hartaron un día de que les dieran por todas partes y se alzaron desde la desesperación, el cálculo frío o el misticismo y llevaron la guerra a su terreno como nadie lo había hecho en tiempos modernos. El Irgun, por ejemplo, cometió atentados audaces y terroríficos, como la voladora del Hotel Rey David, por no mencionar más que el más emblemático. Pero hubo más, más atentados y más organizaciones clandestinas políticomilitares, terroristas o heroicas, según quien lo contara.

Los abertzales tuvieran una temprana admiración por la resistencia judía. La semejanza territorial y poblacional eran datos muy sugerentes. Hubo patriotas vascos, marinos mayormente, que les ayudaron a llegar a lo que sería luego Israel y/o Palestina, al mejor estilo Exodo. La generación fundadora de ETA, además de conservar la admiración por los judíos patriotas, estudió sus métodos de lucha clandestina y se inspiró en ellos, se inspiró también en los proyectos sociales de su izquierda y en los lingüísticos de los hacedores de su Estado. También es verdad que algunos años después, la dirección de ETA simpatizó con la lucha de liberación palestina y compartió campos de entrenamiento y solidaridades. Nadie ha desmentido que jóvenes del PNV, que luego se harían o no ertzainas de uniforme, recibieron entrenamiento israelí, dando por supuesto que eran los mejores instructores para situaciones no convencionales.

Parece que todo el mundo está de acuerdo en que son los israelíes los mejores espías, los más imaginativos, los más dedicados, los más insobornables, los más implacables, un poco al estilo de lo que el imaginario atribuyó alguna vez a los agentes comunistas. Todo el mundo parece estar de acuerdo en que los instructores israelíes son excelentes y experimentados profesionales, que sirven para rotos y descosidos varios, retribuciones adecuadas mediante. Su presencia en Centroamérica y El Caribe, por aquello de la internacionalización y la amoralidad que se presume y acepta en los servicios secretos -muy lejos del romanticismo que pudieron tener las operaciones para descubrir y secuestrar dirigentes nazis ocultos por las Américas- es vieja.

Su presencia en Colombia, oficial y clandestina, tampoco es nueva. Se ha aceptado con naturalidad que los servicios israelíes tengan que ver con el rescate de Ingrid, los norteamericanos y los soldados de la operación Jaque, con la misma naturalidad que se acepta que los servicios norteamericanos se muevan como Pedro por su casa por tierras amigas en nombre del combate contra el enemigo común. Pero los americanos no tienen la imaginación de los israelíes, seguramente porque no les ha hecho falta. En el caso de Jaque, se da por supuesto que los americanos del norte pusieron tecnología y los israelíes, imaginación. Una imaginación, se recuerda ahora, de la que la guerrilla colombiana había ya hecho gala cuando el 11 de abril del 2002 un comando disfrazado de Ejército llegó a Cali en autobús, entró en la Asamblea Departamental del Valle del Cauca, gritó que había una amenaza de bomba y se llevó limpiamente en el autobús aparcado en frente a doce diputados. Cuando estaban fuera de la ciudad les anunciaron que estaban secuestrados.

Falsos militares secuestraron a verdaderos diputados de la misma manera en que falsos guerrilleros liberaron el miércoles a auténticos rehenes. El operativo montado por las FARC hace ocho años decía tener como meta la de presionar al Gobierno para que aceptara un acuerdo humanitario. Once de los doce diputados secuestrados murieron el año pasado en el curso de un controvertido episodio. La guerrilla explicó que habían “muerto en combate en una operación de rescate por parte de un grupo no identificado, después de atacar el campamento”. El Gobierno siempre negó que sus fuerzas hubiesen operado en esa región. Las FARC tardaron más de tres meses en entregar los cuerpos al Comité Internacional de la Cruz Roja. Los peritajes forenses demostraron que los hombres habían sido ejecutados a mansalva, todo lo contrario de una operación limpia, que es como se denomina a las que se ejecutan con imaginación y sin ensañamiento. Alguien podría estar tentado de decir que para imaginativos, los caribeños, sin reparar en que el mágico es en definitiva realismo. Una realidad que bien se pudo dar en llamar mágica para no llamarla trágica.

 
 
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