Son
nuestros bolsillos.- Crónica desde la barbacana
Eneko Gumuzio
Tan sorprendido dice estar el periódico El
País con la reacción el Gobierno vasco que hasta el
Defensor del lector ha tenido que salir a la palestra. El defensor
del lector es una figura que recoge las quejas de lectores y damnificados
por el trabajo editorial del periódico que cada cierto tiempo
explica el porqué de ciertas actitudes y, en su caso, pide
disculpas por los errores cometidos.
Viene todo al hilo de la información publicada por uno de
los principales "vascólogos" del periódico,
según el cual un importante dirigente abertzale avisó
al Lehendakari de que ETA iba a mantener una minitregua con ocasión
de la aprobación en sede parlamentaria de la consulta del
próximo 25 de Octubre. Tal información, reiterada
el día siguiente a pesar de las quejas del Gobierno vasco,
ha motivado la amenaza de una querella del ejecutivo contra el diario.
Dice el defensor del lector del diario madrileño que "crece
la idea de que toda información relevante responde a alguna
intención oculta". Creemos que no hace falta ser muy
espabilado para entender que tal información tal cual fue
presentada podía dar lugar a una conclusión evidente:
la conjunción de intereses y tácticas políticas
entre ETA y el Lehendakari. Eso sí, escondido en el texto,
no fuera que alguien se percatara del hecho, dice el periódico
que la decisión de dar un voto a la propuesta del ejecutivo
vino dada por los intereses propios de la izquierda abertzale y
tras un duro debate interno. El defensor del lector admite el error
de no haber llamado a Lehendakaritza para confirmar o desmentir
la información y conocer otra versión de los hechos.
Eso sí, de pedir disculpas, nada de nada.
En el fondo, no nos sorprendimos cuando supimos que el País
había hecho pública tal información de tal
guisa. Es conocido de sobra el sesgo político del periódico.
Lo que nos sorprende y encorajina es que el periódico más
vendido del Estado español quiera dar lecciones de pulcitud
informativa. No hay más que leer los especiales dedicados
durante las últimas semanas al Lehendakari para entender
que Juan José Ibarretxe se ha convertido en la principal
pieza a batir del conglomerado político mediático
madrileño.
Saben en los madriles que el Lehendakari es el político mejor
valorado entre los vascos y las vascas. Saben que es el único
capaz de aglutinar a nacionalistas de diferentes tendencias y pescar
en muy distintos caladeros de votos. Saben que podría triturar
dialécticamente al candidato Patxi López en cualquier
debate. Y saben también que durante las próximas semanas
va a poner al desnudo la auténtica naturaleza del Estado
español en el respeto a las mayorías políticas
de nuestro país.
Manifestaba Rodolfo Ares que Ibarretxe no ha sabido generar un clima
de confianza para negociar las transferencias pendientes del Estatuto
de Gernika. Para confianza, la que genera la ministra Garmendia,
la que se niega al cumplimiento de aquello a lo que está
obligada por ley porque a los vascos y las vascas no nos conviene.
Lo que no nos conviene es dejar los asuntos públicos en manos
de estos irresponsables, incapaces de pronunciar la palabra crisis
contra toda evidencia e inútiles para tomar medidas que reconduzcan
la situación.
Cierto es que la calidad humana y profesional de muchos personajes
que rigen los destinos del País de los vascos y de las vascas
es manifiestamente mejorable, pero nos imaginamos a la banda de
insustanciales que gobierna las Españas por estos lares y
nos dan deseos de salir corriendo con las manos en la cartera.
Porque no son solamente diferencias ideológicas
o de sentimientos nacionales. Son nuestros bolsillos.
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