¿Es
inteligente que te quieran sobre todo fuera de Euskadi, como a EE?
José Felix Azurmendi en Vasco
made in Caracas
El diario El País, como todo periódico de referencia,
siempre tuvo un proyecto para Euskadi. Mientras Euskadiko Ezkerra
existía, se parecía bastante a lo que esa formación
decía querer, tras hacerse con las siglas que compartió
con el EMK y tras la desaparición de la ETA político
militar histórica. Le pregunté una vez a Miguel Angel
Bastenier, entonces subdirector de este diario, allá por
los primeros ochenta, si eran conscientes de que prácticamente
todos sus hombres en Euskadi se movían en la órbita
de EE. Le comenté que entendía que evitaran a los
que se movían en la izquierda abertzale, pero no que se olvidaran
de los que podrían tenerse por simpatizantes del PNV, la
opción más votada de la Comunidad Autónoma
Vasca. Me hizo saber que era una toma de posición consciente,
deseada, buscada.
Alberto Surio introducía una entrevista que
le hizo a Juan María Bandrés para El Diario Vasco
en septiembre de 1994 diciendo que “No es exactamente una
despedida, pero Juan María Bandrés, ex eurodiputado,
admite que ha cumplido un ciclo y que deja la política activa,
‘inerme y sin amargura’. Convencido de que la política
‘nunca ha sido para mí una profesión’,
reconoce que la fusión PSE-EE ‘fue históricamente
correcta, pero se hizo en un mal momento’ y sostiene que el
PSOE ‘ha dilapidado su enorme crédito político
del 82’”. Las declaraciones de Bandrés son todas
muy interesantes y nos trasladan a un escenario que, seguramente,
casi nadie recuerda.
Cuando Surio le pregunta si la historia de EE ha
sido un fracaso, responde: “Yo creo que Euskadiko Ezkerra
cumplió perfectamente una misión y una función,
que además creo que tendrá una valoración histórica
muy positiva cuando alguien realice con objetividad la historia
de Euskadi. Fue un intento muy serio de racionalizar el nacionalismo
y también de actualizar los conceptos clásicos de
una izquierda que yo creo que mantiene unos valores esenciales”.
Se puede no estar de acuerdo con este balance, pero se entiende
que lo haga uno de los padres de la criatura. Lo que se entiende
peor es que una persona lúcida como Bandrés pusiera
luego como prueba del éxito del proyecto que se le quiso
mucho, “sobre todo fuera de Euskadi”.
Como el tema no me parece menor y me parece incluso
extensible a otros protagonistas y situaciones, lo voy a transcribir
textualmente. Dice así Bandrés: “Intentó
ser un experimento de tolerancia, de apertura, y en cierto modo
lo consiguió. Y buena prueba es que, sobre todo fuera de
Euskadi, eso se apreció mucho”. Añadiendo luego
que “Aquel laboratorio ideológico que fue EE no cuajó
porque una parte del aparato redescubrió que estaba más
cerca de Sabino Arana que de otras cosas”. Tal vez si hubiera
esperado un poco, Juan Mari habría descubierto que las cabezas
más lúcidas de ese aparato redescubrió pronto
que la culpa de todo, en efecto, la tenía Sabino Arana, o
sea, el nacionalismo vasco.
Regreso a El País, al diario, que sigue teniendo
su proyecto para Euskadi, así sea levemente distinto cada
vez, que sigue sin ocultar a quién tienen por vasco bueno,
a quién por malo, el peor de todos, hoy, el que más
aprecian los propios vascos de su territorio, de acuerdo a todos
los sondeos, encuestas y similares: Juan José Ibarretxe.
Si hubiera que aplicar la lógica Bandrés -“sobre
todo fuera de Euskadi”-, Ibarretxe lo estaría haciendo
fatal, pero no es la estima de los de fuera la que un dirigente
político debe buscar, no al menos a costa de la estima de
los suyos. Muchos pueblos y lenguas tienen una fórmula para
describir a los que son buenos con los ajenos y malos con los de
casa -kalean uso, etxean otso; kanpoeder, etxekalte-, pero en política,
además de despreciable, es poco inteligente. |