¡Ven
y cuéntalo!
Iñaki Anasagasti
En un trabajo sobre la psicología de la soberbia, Enrique
Rojas, describe bien los síntomas que caracterizan a la actual
Rosa Díez, la que el domingo estuvo en la Plaza Elíptica
de Bilbao y logró la firma de cien vejestorios del P.P. para
su Cruzada anti-euskera.
La soberbia consiste en concederse más méritos de
los que uno tiene. Es la trampa del amor propio: estimarse muy por
encima de lo que uno vale. Es falta de humildad y por tanto de lucidez.
La soberbia es la pasión desenfrenada sobre si mismo. Apetito
desordenado de la propia persona que descansa sobre la hipertrofia
de la propia excelencia. Es fuente y origen de muchos males de la
conducta y es ante todo una actitud que consiste en adorarse a si
mismo: sus notas más características son la prepotencia,
la presunción, la jactancia, la vanagloria y el situarse
por encima de todos los que le rodean. La inteligencia hace un juicio
deformado de si mismo en positivo, que arrastra a sentirse el centro
de todo, un entusiasmo que es idolatría personal.
La palabra vanidad procede del latín vanitas-tatis, que significa
falto de sustancia, hueco, sin solidez. Se dice también de
algunos frutos cuyo interior está vacío, en donde
solo hay apariencia.
Algo de todo esto es ésta señora tan jaleada ahora
por los medios de la derecha. No es que trabaje mas, es que sale
más, porque se ha convertido en todo lo contrario de lo que
un día defendió. Como dijo Groucho Marx: Si no le
gustan mis principios, no se preocupe. Tengo otros. Ninguno de sus
compañeros en el gobierno Ardanza, en donde fue Consejera
de Turismo y Comercio le recuerdan tan sensibilizada por la imposición
del castellano sobre el euskera, ni sobre la necesidad de una legislación
estatal que anulara los perfiles propios del estatuto de Gernika.
La recuerdan sí haciendo un buen trabajo sacando a pasear
aquellos horribles sombreros que hacían que llamara la atención
sobre sus viajes promocionales y la recuerdan por aquella campaña
con aquel buen slogan que decía “Ven y Cuéntalo”.
Euzkadi merecía tanto la pena que había que venir
para luego contarlo. Llegó incluso a demandar al facha del
dibujante del ABC Mingote cuando éste con aquel slogan sacó
el dibujo de un cadáver.
Y también la recuerdan negándose a
dimitir y cumplir la orden para dejar de ser Consejera del Gobierno
Ardanza donde vivía tan contenta y hacía tantas cosas
y además le parecía que trabajar con los nacionalistas
era el no va mas de la alta política.
Hoy está en otra trinchera y dispara insultos contra todo
lo que se mueve en el mundo vasco. De ser la Consejera de un gobierno
que protestaba por la falta de transferencias a pedir la recuperación
por parte del gobierno central de las mismas. De aquel incidente
sobre su ropa interior en el Aquarium de Donosti a ser portada de
Vogue con peluca celebrando los 20 años en el quiosco de
esta revista. De apoyar la recuperación del euskera a buscar
que se pierda como código de comunicación. Y es que
éste país produce especimenes así que saben
cuales son las claves del Madrid puñetero para que te jaleen.
Y ella las está tocando todas.
Tiene a su favor la inquina de la COPE y de El Mundo contra Mariano
Rajoy y en ese charco, ella se mueve bien, no porque tenga gran
valor en si misma, sino porque es el kleenex que a la extrema derecha
le interesa usar como ariete para mover a un Rajoy que quiere ir
a un centro político dejando la antipatía del discurso
bronco de Acebes, Zaplana, Aznar, Astarloa y compañía.
Y lo veremos en las elecciones europeas donde con
ese voto se pueden hacer experimentos con gaseosa. La gaseosa Díez.
Y en eso está, ayudada por su inmensa soberbia, por su inmensa
vanidad, por su inmensa cara dura.
Vengan y Cuéntenlo.
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