Judicializar
la política es impedir el diálogo
Una opinión desde la diáspora*
El proceso de normalización política
en Euskalherría se encuentra detenido, y esta dinámica
se ha acentuado luego del atentado ocurrido en Barajas, cuando la
irresponsabilidad ha podido más que las palabras. Pero también
resulta justo remarcar la poca predisposición del gobierno
de Madrid para producir los gestos necesarios, con el propósito
de construir un espacio de resolución del conflicto vasco.
La negación de una salida democrática
ha sido y será la moneda corriente de grupos extremistas
de ultraderecha, antidemocráticos, que por todos los medios
quieren impedir una solución negociada al contencioso vasco,
es más, pretender llevar al banquillo de los acusados a actores
representativos de la política vasca. En este sentido, el
día 26 de marzo deberán comparecer ante el Tribunal
Superior de Justicia del País Vasco el Lehendakari Ibarretxe
y Arnaldo Otegi, entre otros, por haber cometido el delito de dialogar,
buscando formulas e ideas para lograr la paz y normalización
política.
Pero todo indica, que lo que huela a vasco debe
ser judicializado o prohibido, mientras detrás de esta pantomima
judicial, el Partido Popular amenaza a partir de su manifiesta intolerancia,
presionando al gobierno de Madrid e impidiendo la implementación
de cualquier posibilidad de diálogo, como así también,
bregando por la instauración del tan nefasto paradigma de
las dos españas.
Más allá de estas presiones, el gobierno
de Madrid, ha producido un gesto, al trasladar a Euskalherría
a Iñaki de Juana. Pero quedan pendientes otras tareas que
competen a todos, como por ejemplo: impulsar una mesa de resolución
en Euskalherría, sin agendas ni protagonismos, terminar con
todo tipo de violencia, renunciando expresamente a la misma, como
método de resolución del conflicto vasco, producir
cambios en la política penitenciaria, derogar la ley de partidos
políticos, exponer los proyectos políticos con claridad
y sin oportunismos personales o sectoriales, trabajar para lograr
la unidad de la sociedad vasca, en un marco de convivencia democrática,
donde el derecho a decidir, sea el punto de partida para la construcción
nacional.
Desde la diáspora, entendemos que somos parte
del conflicto, como así también de su solución.
En este sentido, instamos a las fuerzas políticas y sociales
a deponer posiciones sectoriales, a trabajar por la unidad, con
el fin de lograr los objetivos nacionales y a tender la mano generosa
del diálogo, sin exclusiones, en definitiva, a ser contestes
con los principios y la cultura de un pueblo milenario, que espera
con ilusión que sus objetivos de paz y normalización
política se cristalicen, para de esta manera, poder construir
un futuro de dignidad, en un marco de democracia y libertad.
*José Domingo Ormaetxea.-
Militante del PNV
César Arrondo.- Militante de EA
Santiago Bereciartua.- Militante de la Izquierda Vasca
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